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La educación formal o tradicional se encuentra hoy más que nunca en un permanente cuestionamiento, se fortalecen las bondades de la presencialidad en desmedro de la educación a distancia o virtual. Ponemos en tela de juicio todas las acciones de las escuelas y liceos, frente a un escenario incierto, nunca antes visto, sin antecedentes, sin experiencia y con mucha incertidumbre por el futuro, esperando orientaciones de expertos en este ámbito formativo que no existen en este contexto, sino veamos lo que sucederá en Finlandia con una población dividida por el retorno parcial a clases. Nos preocupa tanto lo que nuestros niños y niñas no aprenderán. Los bajos resultados que tendrán a futuro en pruebas internacionales, se lapidará definitivamente la tan buscada o declarada calidad educativa. Es entonces que el hogar ¿no es un espacio de aprendizaje?, ¿el saber está supeditado al contexto del libro de clases, la pizarra y el plumón?, ¿es imposible educar a hijos e hijas sin las bases curriculares?.

Para comenzar a responder pongamos atención a lo siguiente:

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS. (10-12-1948)

Art. 26.3: Los padres tienen derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO. (20-XI-1959)

Principio VII: El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tiene la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe en primer término a los padres.

CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LA REPÚBLICA DE CHILE (artículo 19 número 10).

Los padres tienen el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos. Corresponderá al Estado otorgar especial protección al ejercicio de este derecho.

LEY GENERAL DE EDUCACIÓN (20.370/2009)

Artículo 4º.- La educación es un derecho de todas las personas. Corresponde preferentemente a los padres el derecho y el deber de educar a sus hijos; al Estado, el deber de otorgar especial protección al ejercicio de este derecho y, en general, a la comunidad, el deber de contribuir al desarrollo y perfeccionamiento de la educación.

Hoy más que nunca, ese derecho debe estar garantizado y es responsabilidad de la familia, que se cumpla, recordando que la Familia es el núcleo principal en la educación de nuestros hijos/as. No podemos desperdiciar la posibilidad única de educar en el hogar a toda una generación que fue criada con celulares, computadores y redes sociales. En el hogar les podemos contar de nuestra infancia, a recuperar la imaginación, creatividad e ingenio en el juego de lo cotidiano. Contarles de las bolitas o canicas, el pañuelo, las chapitas, el trompo, el escondite, el yoyó, el gato o tres en rayas. Juegos de tableros como el ajedrez , ludo, tablero chino, jugar con naipes y dominó. Incluso incluir juegos más contemporáneos como el Dixit, Dobble, Córtex, Musa, tigre y el dragón, el lobo, la isla, por nombrar algunos. Recuperar los desayunos, almuerzos y cenas en familia (de sugerencia apagando el televisor). Mirar a nuestros hijos a los ojos, abrazarlos hasta el cansancio no tiene precio, serán la generación que se reencontró con los valores que solo se enseñan en el hogar. El valor del respeto, la solidaridad, el cuidado de los demás.

Finalmente regenere rutinas , responsabilidades con horarios entre su trabajo y los estudios de los niños y niñas. Vean en sus ojos la admiración por lo que hacen sus padres, cuéntenles a qué se dedican, háblenles del mundo, pero desde el amor y la comprensión, cocinen con ellos, los más pequeños aprenderán los pasos a seguir de una receta, a diferenciar entre un utensilio y un ingrediente, aprenderán matemática con las cantidades, reforzarán su comprensión y recordarán secuencias. Ya sea en departamento o casa enseñe a reciclar, a plantar, a dar vida a nuestro mundo con pequeñas acciones. A tener conciencia de que los recursos se agotan y las necesidades aumentan. Con su testimonio dígale que la familia es lo más importante, que siempre será un lugar seguro y acogedor ante cualquier dificultad. El mundo nos enseña que no es inmortal e invencible, que solo nos tenemos a nosotros, vulnerables, pero muy resilientes. Enseñemos esperanza, conciencia social y hagamos la mejor clase de ética que supere a cualquier institución. Hagamos del hogar la escuela de quienes heredarán la tierra. Seamos educadores de paz de quienes trajimos o acogimos en este mundo.

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